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Recomendaciones de consumo por la presencia de nitratos en hortalizas de la AESAN

En este enlace: https://aesan.msssi.gob.es/AESAN/web/rincon_consumidor/subseccion/nitratos_hortalizas.shtml encontramos información de la AESAN (Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición) sobre el consumo de hortalizas. También explica porque no es conveniente dar a los niños menores http://aesan.msssi.gob.es/AESAN/web/rincon_consumidor/subseccion/nitratos_hortalizas.shtmlde un año verduras de hoja verde y otras hortalizas.

En esta tabla podemos ver los niveles medios de nitratos encontrados en las hortalizas.

nitratos_hortalizas

Respetar el apetito del niño

Julio Basulto es uno de los mejores y mejor considerados nutricionistas que hay actualmente, sus consejos siempre bien documentados y su forma fácil y amena de explicar las cosas hacen que aprender sobre lo que es mejor para nuestros hijos sea una tarea agradable.

En el siguiente artículo habla de como respetando el apetito del niños estamos respetando al niño en si mismo.

El articulo original lo puedes encontrar aquí:

http://blog.lasirena.es/lang/es/2014/06/19/respectar-la-gana-dun-nen-es-respectar-el-nenrespetar-el-apetito-de-un-nino-es-respetar-al-nino/

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Una de las mejores maneras de enseñar respeto a un niño es respetarle. Y eso incluye respetar su apetito. Imaginémonos a un padre o a una madre diciendo a su querido retoño lo siguiente: “Hijo mío, cuando seas mayor quiero que comas en función de tu apetito, siempre según tus gustos y preferencias y en base a una dieta saludable. Para ello, te obligaré a comer más de lo que te apetece, unos alimentos que yo he escogido, muchos de ellos malsanos”. Es una contradicción en toda regla, similar a la que aparece enesta viñeta del humorista Streeter. Más todavía si el padre o la madre comen fatal delante del niño. Lamentablemente, es lo que sucede en muchos casos. Veámoslo más de cerca, para concienciarnos de que conseguir que nuestros hijos coman bien no es solo predicar con palabras.

¿Sobornamos a nuestros hijos?

El ejemplo antes citado no es tan irrazonable como pudiera parecer. La Academia Americana de Pediatría, en su libro «Pediatric Nutrition Handbook» indica que “la estrategia más comúnmente utilizada para animar a los niños a comer es el soborno”. Sobornar no es en absoluto educativo, y es del todo contraproducente para una correcta alimentación. Las llamadas “conductas coercitivas de alimentación” minan la capacidad innata de los niños para regular su consumo de energía, según dejaron claro Fox y colaboradores, en una investigación publicada en 2006 en la revista Journal of the American Dietetic Association.

Solo tres bocados más

En el ámbito científico, nadie duda de que los niños tienen una innata capacidad de regular su ingesta energética. ¿Respetamos acaso la sensación de hambre de nuestros hijos? En general, no.

Tal y como indiqué en este mismo “rincón”, en el texto que redacté para el “Día nacional de la nutrición”, una investigación con el título «Just three more bites» (solo tres bocados más) constató que el 85% de los padres o cuidadores intentó que sus hijos (o los niños a su cargo) comieran más de lo que ellos querían. Ello se tradujo en que el 83% de los menores comió por encima de su apetito y el 38% comió notablemente más de lo que hubiera comido si nadie les hubiera dicho nada.

El estudio, coordinado por la Dra. Joan K. Orrell-Valente, resulta interesante por su cuidado diseño: evaluó el ambiente familiar a la hora de comer en una muestra aleatoria de ciento cuarenta y dos familias de diferentes niveles socioeconómicos. Hacer que un niño coma por encima de su apetito aumenta el riesgo de que padezca obesidad, algo nada recomendable.

Demasiados alimentos superfluos

También he mencionado que muchos de los alimentos que ofrecemos a nuestros niños son “malsanos”. Es una palabra acuñada por la Organización Mundial de la Salud, aunque en otras ocasiones utiliza“insanos”. Sea como fuere, nuestras despensas y nuestras neveras están, en general, llenas de alimentos superfluos que aportan calorías vacías a nuestros niños y que contribuyen a incrementar su riesgo de dolencias como la caries o la obesidad. El estudio enKid, que evaluó la alimentación de una muestra representativa de la población infantil y juvenil española, mostró lo siguiente:

–          El 96,4% consume usualmente productos de bollería y galletas.

–          El 88,2% consume habitualmente aperitivos y snacks salados

–          El 99,4% incluye habitualmente en su dieta dulces y golosinas

–          El 92,6% consume habitualmente refrescos

–          El 73% de la población mayor de 14 años consume usualmente bebidas alcohólicas

Hace poco hemos sabido que casi el 20% de los menores de diez años toma una media de dos litros mensuales de bebidas energéticas. De entre estos niños “consumidores”, alrededor del 16% son “altos consumidores crónicos”, ya que su consumo medio mensual es de 4 litros. Son datos tomados de un reciente informe de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), en el que participaron más de 52.000 niños, de 16 de los 27 Estados miembros de la Unión Europea (UE), incluido España. El consumo de estas bebidas en tales cantidades puede averiar la salud de nuestros hijos.

A continuación apunto tres consejos para abordar esta (compleja) situación.

1.- Respetar la sensación de hambre y ofrecer alimentos saludables

En 2012, la Agencia de Salud Pública de Catalunya publicó un recomendable documento denominado “La alimentación saludable en la etapa escolar”. En él, además de insistirnos en la importancia de ofrecer al niño una dieta saludable , leemos el siguiente: “Las cantidades de las raciones deben ser acordes con las necesidades propias de la edad y han de respetar la sensación de hambre expresada” (“Les quantitats de les racions han d’anar d’acord amb les necessitats  pròpies de l’edat i han de respectar la sensació de gana expressada”).

Así que respetar al niño no es solo tratarle con cariño y prestar atención a sus necesidades, también es respetar su apetito. El estudio de la Dra. Joan K. Orrell-Valente y colaboradores, antes citado, insiste en que todos los padres deben saber cinco cosas, algunas ya mencionadas:

1.- Los niños tienen la capacidad de autorregular la cantidad de energía que ingieren en función de sus necesidades. Pueden reconocer su apetito y responder a sus señales internas de hambre y saciedad.

2.- Si no se respetan las señales de hambre y saciedad del niño (por ejemplo, mediante el control de los padres) se puede alterar su capacidad innata para reconocer y responder a estímulos internos

3.- La responsabilidad de los padres recae principalmente en suministrar alimentos saludables y en determinar cuándo se sirven dichos alimentos.

4.- Debemos permitir que los niños elijan qué y cuánto quieren comer de lo que nosotros les hemos ofrecido

5.- Usar la comida como premio, amenaza o castigo, imbuye un valor desmesurado (a ojos del niño) a alimentos ricos en calorías vacías (Ej.: refrescos).

2.- Predicar con el ejemplo y comer en familia

Además de ofrecer al niño alimentos saludables y además de no insistirle en que pertenezca al “club del plato limpio”, hemos de tener claro que si nosotros seguimos una dieta saludable, las posibilidades de que nuestros hijos también la sigan aumentan de forma considerable.

Sabemos también, como señalé en el texto “Comer en familia: más importante que nunca”, que compartir comidas en familia es fundamental. Mencioné que compartir 3 o más comidas en familia por semana puede reducir las posibilidades de que los niños padezcan exceso de peso en un 12%, de que se tomen alimentos insanos en un 20%, de que sufran trastornos de la alimentación en un 35%.

La actriz y presentadora Eva Hache lo ha resumido muy bien, en mayo de este año, en su texto “¡A comer!”, publicado en El País: “Hágase el favor de compartir la comida con sus hijos. Igual que la comparte con sus amigos. Nadie le dice a un colega: «Si no te acabas el pescado, no hay postre». No convierta el arte de comer en la hora de la tortura, porque solo conseguirá pasar malos ratos y, de propina, que su hijo sea obeso o regalarle un desorden alimentario”.

Pero además de respetar su apetito, ofrecerles alimentos saludables, predicar con el ejemplo y comer en familia, hemos de tener algo más en cuenta, dado el alto riesgo de obesidad infantil en nuestro país.

3.- Ojo al tamaño de la ración que les (y nos) servimos

Diversos estudios han mostrado que, como los adultos, los niños pequeños son “sensibles a las cantidades”. Es decir, si les ofrecemos una gran ración de alimentos, es posible que coman por encima de su apetito. Según han señalado Johnson y colaboradores en abril de 2014 (Am J Clin Nutr), muchos adultos sirven raciones grandes a sus hijos. Así, es posible que estemos contribuyendo de forma inadvertida al consumo excesivo de energía de nuestros hijos si les presentamos raciones demasiado grandes de alimentos.

Es más, es probable que las raciones que nos servimos a nosotros mismos influyan en la cantidad de comida que toman nuestros hijos. Ello contribuiría a su exceso de peso, ya que tomarían como norma unas raciones inapropiadas para su edad.

Para los niños, la cantidad de comida que les hemos servido actúa como una señal implícita con respecto a cuánto esperamos que consuma. En tal caso, un niño piensa algo así: “si mis padres me han puesto esta cantidad de comida, será que es lo que debo comerme”.

En conclusión

El ambiente en nuestro hogar influye mucho en el comportamiento de los niños. En la mesa transmitimos valores y modelos a seguir. Si comemos en familia, respetamos a nuestros hijos, les ofrecemos una dieta sana y les damos un buen ejemplo con nuestros propios hábitos, todos salimos ganando. Los adultos, porque aprendemos que dar es recibir (al dar ejemplo mejoramos nuestra salud), y los niños porque aprenden un modelo saludable de alimentación. Modelo que les acompañará toda su vida…y que probablemente acompañe también a la de sus propios hijos (nuestros nietos).

Julio Basulto (@JulioBasulto_DN)

Diplomado en Nutrición Humana y Dietética (Universidad de Barcelona)

Facebook: https://www.facebook.com/julio.basultomarset

Recomendaciones de la SEICAP sobre introducción de alimentos. 2012

SEICAP: Sociedad española de inmunologia clínica, alergología y asma pediatríca.


No es necesario retrasar la introducción de alimentos en niños para prevenir alergias

En caso de sospecha de alergia en niños se recomienda acudir a un servicio de alergología pediátrica para un correcto diagnóstico

El asma alérgica suele aparecer a los 3 ó 4 años

Madrid, 20 de febrero de 2012. Ya no es necesario retrasar la introducción de determinados alimentos por su potencial alergénico, como se hacía hasta ahora en muchos casos, según un estudio publicado en la revista Evidencias en Pediatría, ya  que la proporción de niños con síntomas alérgicos no aumentaLa Sociedad alergiasEspañola de Inmunología Clínica y Alergia Pediátrica (SEICAP) apoya las recomendaciones de esta investigación y recomienda acudir a un servicio de alergología pediátrica si se sospecha que el niño puede ser alérgico.

Alimentos como la leche de vaca, el huevo, los frutos secos, la soja o el gluten pueden empezar a introducirse en niños a partir de los seis meses, pues el hecho de posponerlo ya no está asociado con la aparición de eccema o sibilancias (pitidos al respirar) según el estudio. La doctora Ana Mª Plaza, coordinadora del grupo de trabajo de alergia a alimentos de la SEICAP “aconseja empezar a introducir estos productos a las edades adecuadas y recomendadas por el pediatra, por ejemplo el huevo alrededor del año o el trigo hacia los seis meses”.

El trabajo, realizado por el Hospital Universitario de Rotterdam, en Holanda, se realizó con 6.905 niños desde el nacimiento hasta los cuatro años, entre abril de 2002 y enero de 2006. A estos niños se les empezó a introducir entre los seis y los 12 meses alimentos tales como la leche de vaca, el huevo, el cacahuete, los frutos secos, la soja y el gluten. El estudio comprueba que “no existe una asociación entre la introducción de este tipo de alimentos con la aparición de eccema o sibilancias”.

Los resultados fueron que un 31% de los niños presentaron sibilancias a los dos años y un 14% a los tres y cuatro años. “Estos porcentajes son habituales, puesto que está demostrado que uno de cada tres niños va a tener sibilancias a los dos años, causadas por infecciones víricas, y que el asma alérgica suele aparecer hacia los tres o cuatro años de edad”, afirma la doctora Plaza.

Otra reacción frecuente fue el eccema, que presentaron el 38% de los niños a los dos años, el 20% a los tres y el 18% a los cuatro años. Esto demuestra que “la introducción tardía de alimentos alergénicos después de los seis meses de edad no se asocia a un menor número de enfermedades alérgicas a los dos, tres o cuatro años”, según los autores. En el estudio también se observa que este tipo de reacciones alérgicas aparecen con más frecuencia en todas las edades cuando los niños tienen antecedentes de alergia a la leche de vaca en el primer año de vida y de atopía en los padres.

Para la doctora Plaza, la constante evitación de un alimento en niños diagnosticados de alergia al mismo “no genera, muchas veces, la desaparición de la patología”.

Introducción pautada en alérgicos

Un grupo de alergólogos pediátricos pertenecientes a centros de toda España han realizado un estudio que muestra que la introducción pautada de la leche de vaca en edades tempranas permite desensibilizar a los pacientes. Además, otro grupo de alergólogos pediátricos, liderados por la doctora Flora Martín-Muñoz, del Servicio de Alergología del Hospital Infantil La Paz, en Madrid, está coordinando una investigación nacional sobre las posibilidades de la inducción pautada en alergia al huevo.

 

http://www.seicap.es/ver-noticiaf.asp?sec=36&msg=1397&s1

Recomendaciones de la AESAN sobre verduras de hoja verde, 2011

AESAN: Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición

En abril de 2011, tras tomar en consideración el citado informe de la EFSA, la AESAN emitió una serie de recomendaciones dirigidas a la población española con respecto a la presencia de nitratos en hortalizas. Pese a que ratificó las recomendaciones de la EFSA, la AESAN añadió las acelgas a la lista de hortalizas potencialmente espinacaspeligrosas. Se trata de una verdura cuyo consumo en España es muy superior al observado en el resto de países europeos y cuyos niveles de nitratos pueden ser superiores a los de las espinacas. Las recomendaciones de la AESAN fueron las siguientes:

  • Se recomienda, por precaución, no incluir las espinacas ni las acelgas en los purés antes del primer año de vida. En caso de incluir estas verduras antes del año, se debe procurar que el contenido de espinacas y/o acelgas no sea mayor del 20% del contenido total del puré.
  • No conviene dar más de una ración de espinacas y/o acelgas al día a niños entre uno y tres años.
  • No se debe dar espinacas y/o acelgas a niños que presenten infecciones bacterianas gastrointestinales.
  • Las verduras cocinadas (enteras o en puré) no se deben mantener a temperatura ambiente. Es preciso conservarlas en el frigorífico si se van a consumir en el mismo día. Si no se van a consumir en el mismo día se deben congelar.

La AESAN insiste, en cualquier caso, en que “cuando se comparan los riesgos/beneficios de la exposición de nitratos por el consumo de hortalizas prevalecen los efectos beneficiosos reconocidos por su consumo”

 

Fuente: http://www.pap.es/FrontOffice/PAP/front/Articulos/Articulo/_IXus5l_LjPqmzmYUJVNzPRH8u5szUS_QHJQUdPzL8H72QdAigGiq_g